Liniers


"EL LINIERS QUE YO VIVI"
La Columna de
Danny Aresse

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"EL LINIERS QUE YO VIVI"

 
Hay un recuerdo muy claro en mi niñez y parte de la adolescencia en Liniers y se refiere a los lugares abastecedores de consumo, como se los llamaba en ese entonces.
Y que mejores ejemplos que el tradicional Mercado y Frigorífico Liniers, como rezaba en sus carteles y la Feria N° 47. Ambos desaparecidos hace años, durante largo tiempo fueron el punto de reunión de los vecinos para realizar sus compras con mejores precios y calidad.
El Mercado, ubicado donde está el actual Shopping Plaza Liniers, en su vida útil vivió el intenso tránsito que comenzaba con la llegada de los camiones abarrotados de mercaderías cerca de las 3 de la madrugada, dándole al lugar un movimiento intenso no solo en el lugar, sino en los bares y bodegones de la zona. Durante el día ese tránsito incesante lo realizaba la gente por la zona minorista del lugar. Sólo un par de horas a la noche, encontraba la zona tranquila.
Algunos hoteles de pasajeros, como el "Shirley" o el "Gijón", sobre la calle José León Suárez, servían de refugio a los peones que trabajaban por la zona, ya que también alrededor del mercado había un sinnúmero de locales mayoristas. Y sobre esa cuadra, de noche, había "carrera con obstáculos", tratando de esquivar a algún ciruja que pasado de bebida, se quedaba dormido en la vereda a la oscuridad.
De la Feria N° 47, tal vez por la cercanía a mi casa, la he conocido más profundamente. Recuerdo los primeros y frágiles puestos que se extendían en lo que antes era uno de los parques con juegos más lindos de Liniers.
Allí a través de los años he visto cómo con tesón y mucho sacrificio los puesteros iban progresando y creciendo. Así esos puestos se fueron transformando en cómodos y funcionales locales. Y este trabajo fue heredándose de padres a hijos hasta su desaparición, ya techada, en los '90 para dar paso a la ampliación de la Avenida General Paz.
Recuerdo a todos los alimentos frescos que allí se vendían con un sabor que aún no he probado en la actualidad. Todo era sano, puro y rico.
Hasta la próxima...gracias.
DANNY ARESSE
     


OLORES Y FRAGANCIAS DE LINIERS

Uno de los recuerdos más inolvidables de mi querida infancia en Liniers lo constituye el recordar lugares y olores...
Y si hablamos del tema, uno de los olores más característicos se concentraba en la zona del viejo Mercado y Frigorífico Liniers, es decir donde hoy está el Shopping Plaza Liniers. Alrededor de ese predio y dentro de él, se cruzaban aromas distintos de frutas, verduras y pescados. Y en los alrededores, en los locales mayoristas, predominaba el olor de los cítricos y del depósito de uvas de Orlando, en la calle José León Suárez, donde están los anexos de la Granja Alberto.
Pero durante años, una fragancia invadía la esquina de Montiel y Ramón Falcón. Allí, al lado de la Joyería y Relojería “Valladares”, se encontraba una tabaquería y en los sótanos, una fábrica de cigarros que a través de sus claraboyas dejaba escapar un fuerte olor a tabaco puro que quedó grabado en mí, ya que era el paso obligado para dirigirme a la casa de mis tíos, en la misma vereda, sobre Falcón.
Sin dudas los olores y fragancias, al igual que el inconfundible olor de las flores de los jardines de mi querido barrio fueron parte de mi infancia y adolescencia en “El Liniers que yo Viví”.
Hasta la próxima...                                                                       DANNY ARESSE
 


LOS BIOGRAFOS DE LINIERS

Recuerdo el comentario de chico: “Vas a ver una película en el Cine Canadian 2?...huyy qué “piojera”!”...
Lo cierto es que Liniers tuvo muchos cines, incluso en una época el amante del 7° arte disfrutaba de las salas tales como “Edison”, “Capitolio”, “Gran Liniers”, y  “Canadian 2”...
Es que había público y estrenos para todas las salas, y en la época de esplendor del cine de barrio, muchos eran los que concurrían a disfrutar allí.
En esas salas, en algunos casos, con el inconfundible olor a cuero viejo de las butacas, se vivieron momentos de alegría, tristeza, miedo, suspenso y nacieron los primeros romances en las últimas filas, donde también nos escondíamos para ver –siendo menores- las películas prohibidas para menores de 18 años.
En ese tiempo las suecas y las de la “Coca” Sarli eran nuestras predilectas. Pero volviendo al tema del Canadian 2, irónicamente lo conocí un día antes de su cierre. Tenía las puertas tipo tijera, como la de los ascensores y ese domingo daban tres películas “El Niño y el Toro”, “La Cabalgata Sangrienta” y “El Rostro de Fu-Manchú”, o sea, una suerte de “Cine de Superacción”, pero en el cine y “a color”... Demás está decir que me habré dormido una película y media.
El acomodador que hablaba un castellano inentendible, tiempo después lo vi cuidando coches frente a las galerías.
El Canadian llevó el destino digno de “Cinema Paradiso” y a los pocos meses se levantó una sala totalmente renovada y cómoda el “Odeón” que en su día de inauguración dio un estreno nacional “Martín Fierro”.
Además Liniers fue el precursos de las múltiples salas, ya que para esa fecha, el “Gran Liniers” se dividió en dos salas junto al “Martín Fierro”.
El barrio durante años, desaparecidas todas las salas, volvió a resurgir con las salas del Shopping, devolviendo al barrio, el placer de ver cine en el cine, como corresponde.
Hasta la próxima...                                                                       DANNY ARESSE
 


LAS CINCO ESQUINAS...

Parafraseando el tema que cantaba el querido Ángel Vargas, yo también me crié en el barrio de cinco esquinas, más precisamente en la cortada Luchter y su intersección con Boquerón, donde viví casi once años, para mudarme a la vuelta, en Luchter y Gral. Paz.
Era fascinante esa bocacalle: era nuestra cancha de fútbol, nuestra pista de coches pintada con cal en la calle compitiendo con los autitos con la plastilina y la cucharita para darle dirección a la parte delantera o lucirnos con las carreras de los carritos con rulemanes...es que esa esquina era la esquina de todos, en todas las estaciones del año, la calle, segura en ese entonces, era nuestra segunda casa.
Todos los juegos de pelotas, escondidas, “cachurra montó su burra” o un improvisado tiroteo a lo “cow-boy” con revólveres de cebita, eran la cita obligada.
Y esas tardecitas de invierno, en la que el frío se hacía sentir, improvisábamos en el cordón de la vereda, una fogatita y cocinábamos papas y batatas, al tiempo que contábamos historias y películas de terror.
Y no faltaba “el hombre de la bolsa” que siempre temíamos y no era más que un pobre linyera deambulando por esas calles.
Y no faltaba una enorme fogata en el centro de la calle en las fiestas de San Pedro y San Pablo, compitiendo con las otras cercanas.
El tiempo pasó y días atrás volví por el barrio con mis hijos, les señalé mi primera casa, las vecinas y esa cortada vista que con ojos de grande, ya no era la misma, que sin el almacén de Don Manuel y con muchas casas reformadas, no pudieron acabar con esos recuerdos que llevo muy dentro mío de “El Liniers que yo Viví”...
Hasta la próxima...                                                          DANNY ARESSE
 


UN TIPO INCREIBLE

Hubo un personaje notable en el barrio, al que lamentablemente conocí tan solo cuatro años.
El ganó el prestigio de ser un hombre derecho y frontal. Y tal vez esa virtud –tan difícil de conseguir en estos tiempos-, le hizo sumar amigos, porque los tenía y muchos.
Siguiendo la tradición familiar, se dedicó al rubro inmobiliario, como su padre y luego hicieron sus hijos. Aun recuerdo su oficina de la Avenida Rivadavia en los altos de la vieja casa Viturro de artículos para bebés y rodados, donde hace casi cuarenta años funciona la casa “Robin´s”. Esa oficina con ese mobiliario metálico, esos sillones de cuero verde mullidos, lo encontraban siempre elegante y simpático.
Era un profesional en lo suyo y un tipo increíble. Pero tal vez la genética familiar lo hizo brillar de talento a la hora de “actuar”, porque era un cómico talentoso en las fiestas.
El Club Social y Deportivo Liniers fue su segunda casa, allí surgió como arquero y lo encontró en los últimos años de su vida como Presidente del club.
Muchos recordarán las inolvidables fiestas de Carnaval en la sede frente a la estación Liniers donde se disfrazaba e interpretaba todas las noches un personaje distinto, haciendo reír a grandes y chicos con un humor inteligente.
El Año Nuevo de 1960 nos encontró en familia en su casa festejando. Luego con su pandereta “nos llevó de gira” por todo Liniers despertando parientes y amigos para sumarse a la caravana de esa alegría...pero fue su último año...en noviembre la enfermedad lo abatió.
Todo Liniers cerró sus locales, ese día el barrio sufrió la pérdida de uno de sus hijos más queridos.
En nosotros nos quedó para siempre el recuerdo de ese grande que fue mi tio, Juan Tomadoni.Hasta la próxima...

                                                                      DANNY ARESSE

 
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